Millones de personas usan lentes de contacto todos los días sin problema, pero un mal hábito repetido puede convertir un accesorio cómodo en un riesgo para la córnea, la capa transparente que cubre el frente del ojo. La buena noticia es que casi todos los errores son evitables. En este artículo repasamos cuáles son, qué dicen los datos y por qué conviene hablarlo con un especialista.
¿Por qué la córnea es tan sensible al uso de lentes de contacto?
La córnea funciona como la ventana del ojo: no tiene vasos sanguíneos y recibe gran parte de su oxígeno directamente del aire y de las lágrimas. Un lente de contacto se coloca justo encima, así que cualquier suciedad, microbio o exceso de horas de uso queda en contacto directo con ella. Cuando se acumulan microbios o la córnea recibe menos oxígeno, puede inflamarse o infectarse. A esa inflamación se le llama queratitis, y en los casos graves puede dejar secuelas en la visión.
No se trata de dejar de usarlos, sino de entender que los lentes de contacto son un dispositivo de salud y no un accesorio cualquiera. Incluso medios recientes han recopilado el tema: El Mostrador publicó en agosto de 2026 una nota sobre cinco errores comunes que pueden causar infecciones y dañar los ojos.
¿Dormir con lentes de contacto puestos es realmente tan peligroso?
Es, de hecho, uno de los hábitos más señalados. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), quienes duermen con sus lentes tienen más de 20 veces más probabilidad de desarrollar queratitis que quienes se los quitan. Los CDC advierten sobre este riesgo a cerca de 38 millones de usuarios en ese país, y recomiendan no dormir con ellos salvo indicación expresa de un médico.
El mecanismo es simple: con los ojos cerrados llega menos oxígeno a la córnea y las lágrimas circulan menos, lo que favorece que los microbios se queden y se multipliquen. Una siesta «rápida» con los lentes puestos también cuenta.
¿Qué pasa si los lentes de contacto se mojan con agua de la llave, la alberca o la regadera?
El agua parece inofensiva, pero no es estéril. Puede contener un microorganismo llamado Acanthamoeba, una ameba que se adhiere al lente y de ahí a la córnea. Una revisión de casos en Iowa (2002–2017), publicada en la serie «Notes from the Field» de los CDC, encontró que la mayoría de las personas afectadas reportó exposición reciente al agua: nadar con lentes en lagos o ríos, ducharse con ellos o limpiarlos con agua de la llave.
Los números muestran que la infección es poco frecuente, pero seria. En Estados Unidos se estima de uno a dos casos nuevos por millón de usuarios al año; en Inglaterra y Gales, un estudio reportó alrededor de 17 a 21 casos por millón, y una cifra mucho mayor en el sur de Inglaterra que en el norte, algo que los investigadores relacionaron con el tipo de agua doméstica. Entre los pacientes revisados en uno de esos estudios, 85.7% reportó higiene inadecuada de sus lentes. En otras palabras, el riesgo no depende solo del lente, sino de cómo se usa.
La regla práctica, entonces, es mantener los lentes lejos del agua: quitarlos antes de nadar o bañarse, y no enjuagarlos ni guardarlos con agua de la llave.
¿Qué otros errores comunes dañan la córnea?
- Estuches sucios o viejos. Los CDC sugieren cambiar la solución todos los días (no solo «rellenar») y reemplazar el estuche cada tres meses.
- No lavarse las manos antes de colocar o retirar los lentes.
- Usarlos más tiempo del indicado o más allá de su fecha de reemplazo.
- Comprar lentes de color sin evaluación profesional. Aunque sean «solo estéticos», son dispositivos que tocan el ojo. The Jerusalem Post documentó en 2024 el caso de una mujer que acabó en urgencias tras usar lentes de contacto de colores durante la festividad de Purim.
- Seguir usándolos con molestias. Ojo muy rojo, dolor o sensibilidad a la luz son motivos para quitárselos y acudir a revisión, no para esperar a ver si se pasa.
¿Cómo cuidar la salud visual de forma preventiva?
Las campañas de salud pública coinciden en un mensaje: las revisiones periódicas son la base de la prevención. Autoridades como el IMSS en Hidalgo y medios de Morelos han exhortado en octubre de 2026 a fortalecer el cuidado visual y no saltarse los chequeos, y alcaldías como Benito Juárez han ofrecido exámenes visuales gratuitos de alta especialidad. Aprovechar este tipo de programas es una forma sencilla de empezar.
Además, un especialista puede indicar qué tipo de lente, qué horario de uso y qué sistema de limpieza se ajusta a cada persona; eso no se puede decidir a distancia ni con un artículo. Si usas lentes de contacto, programa una revisión con un oftalmólogo u optometrista de confianza, lleva tus lentes y tu estuche, y pregunta con calma todo lo que te preocupe. Cuidar la córnea hoy es la mejor forma de seguir viendo bien mañana.
Fuentes: Live Science, CDC / PubMed Central, British Journal of Ophthalmology, El Mostrador, The Jerusalem Post, News Hidalgo, Diario de Morelos, Alcaldía Benito Juárez.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto aumenta el riesgo de infección en la córnea si duermo con lentes de contacto?
Según los CDC de Estados Unidos, quienes duermen con sus lentes tienen más de 20 veces más probabilidad de presentar queratitis que quienes se los retiran. Es una comparación entre hábitos, no una predicción individual: la mayoría de la gente no se infecta, pero el riesgo sube lo suficiente como para que se considere uno de los errores más importantes de evitar.
¿Es verdad que bañarse con lentes de contacto puede causar una infección por ameba?
Es posible, aunque poco frecuente. En EE. UU. Se estiman de uno a dos casos de queratitis por Acanthamoeba por millón de usuarios al año, y en el estudio de Iowa (2002–2017) la mayoría de los afectados reportó exposición al agua, como ducharse o nadar con los lentes. Que sea raro no la vuelve inofensiva, por eso se recomienda quitarlos antes de mojarse.
¿Cada cuánto debo cambiar el estuche de mis lentes de contacto?
Los CDC recomiendan reemplazarlo cada tres meses y renovar por completo la solución a diario, en lugar de solo añadir más sobre la que ya estaba. Piensa en el estuche como un elemento más del sistema de limpieza: aunque se vea limpio, puede acumular microbios que no se notan a simple vista.
¿Los lentes de contacto de colores o de disfraz son más riesgosos que los normales?
No por el color en sí, sino porque suelen comprarse sin evaluación ni adaptación profesional. The Jerusalem Post documentó en 2024 un caso en el que unos lentes de colores usados en Purim llevaron a una mujer a urgencias. Un especialista puede revisar que el lente sea adecuado para tu ojo antes de usarlo.
¿Una infección por mal uso de lentes siempre deja secuelas en la visión?
No siempre: el desenlace depende del tipo de microbio y de qué tan pronto se atienda. Lo que sí advierten los CDC es que la queratitis puede llegar a causar pérdida parcial o total de la visión en casos graves, por lo que ante dolor, enrojecimiento o sensibilidad a la luz lo prudente es retirar los lentes y consultar a un especialista.

